mie 19a. Ordinario año Par (Id=545)

Primera Lectura

Marca con una señal la frente de los que lloran por las prácticas abominables que se realizan en Jerusalén

Lectura del libro del profeta Ezequiel
9, 1-7; 10, 18-22

En aquellos días, oí al Señor que gritaba con fuerte voz:
"¡Que se acerquen los que van a castigar a la ciudad; cada uno con su arma destructora!"
Y por la calle de la puerta alta que mira al norte llegaron seis hombres, cada cual con su arma destructora. En medio de ellos había un hombre vestido de lino, con los instrumentos de escribano a la cintura. Entraron y se pusieron junto al altar de bronce. La gloria del Dios de Israel se había levantado encima de los querubines y se dirigía hacía el umbral del templo. Entonces llamó al hombre vestido de lino que llevaba los instrumentos de escribano a la cintura, y le dijo:
"Pasa por la ciudad, recorre Jerusalén y coloca una señal en la frente de los hombres que gimen y lloran por todas las abominaciones que se cometen dentro de ella".
Y pude oír lo que dijo a los otros:
"Recorran la ciudad detrás de él, matando sin compasión y sin piedad. Maten a viejos, jóvenes, doncellas, niños y mujeres, hasta exterminarlos: Pero no se acerquen a los que tiene la señal en la frente. Empiecen por mi santuario".
Y empezaron por los ancianos que estaban delante del templo. Luego les dijo:
"Contaminen el templo y llenen de cadáveres los atrios".
Y salieron a matar por la ciudad.
Luego la gloria del Señor salió levantándose del umbral del templo y se colocó sobre los querubines. Los querubines extendieron sus alas, se elevaron sobre la tierra ante mis ojos y remontaron el vuelo junto con las ruedas. Se pararon a la entrada de la puerta oriental del templo del Señor, y la gloria del Dios de Israel estaba sobre ellos. Eran los mismos seres que yo había visto debajo del Dios de Israel junto al río Quebar, y reconocí que eran querubines. Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas, y bajo las alas una especie de manos de hombre. Sus caras eran las mismas que yo había visto junto al río Quebar. Todos ellos caminaban de frente.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 112, 1-2.3-4.5-6

Bendito sea el nombre del Señor.
Super caelos glória Dómini.

Alaben, siervos del Señor, alaben el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor desde ahora y para siempre.
Bendito sea el nombre del Señor.
Super caelos glória Dómini.

Desde la salida del sol hasta su ocaso, sea alabado el nombre del Señor. El Señor está por encima de todas las naciones, su gloria está sobre los cielos.
Bendito sea el nombre del Señor.
Super caelos glória Dómini.

¿Quién como el Señor, nuestro Dios, que reina en las alturas y sin embargo se inclina para mirar cielos y tierra?
Bendito sea el nombre del Señor.
Super caelos glória Dómini.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo, y nos ha encomendado a nosotros el mensaje de la reconciliación.
Deus erat in Christo mundum reconcílian sibi, et pósuit in nobis verbum reconciliatiónis.
Aleluya.

Evangelio

Si tu hermano te escucha, lo habrás salvado

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo
18, 15-20

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
"Si tu hermano te ofende, ve y llámale la atención a solas. Si te hace caso, habrás ganado a tu hermano. Si no te hace caso, toma contigo uno o dos, para que cualquier asunto se resuelva en presencia de dos o tres testigos. Si no les hace caso a ellos, díselo a la comunidad; y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o como uno que recauda impuestos para Roma.
Les aseguro que lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo; y lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo. También les aseguro que, si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, la obtendrán de mi Padre del cielo. Porque donde están reunidos dos o tres en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa]